Observatorio para la Libertad Religiosa

No es laicismo, es libertad

Estos días en que celebramos la aprobación de la Carta Magna que los españoles tuvimos a bien darnos en 1978, han sido aprovechados por algunos legisladores para hacer una cerrada defensa de postulados laicistas que poco o nada tienen que ver con la Libertad Religiosa y de Conciencia.

La Constitución de 1978, en su artículo 16 explicita lo siguiente:

Artículo 16

  • Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.
  • Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
  • Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.

Todo está tan claro como un día de verano. Laicismo no significa en modo alguno que los que profesan una confesión religiosa deban guardárselo para sí.

En el manifiesto titulado ‘Constitución, Laicidad y Educación para la Ciudadanía’ podemos encontrar párrafos como el que sigue:

  • En opinión de los socialistas, los ‘fundamentalismos monoteístas o religiosos siembran fronteras entre los ciudadanos’, mientras que la ‘laicidad es el espacio de integración’.’Sin laicidad no habrían nuevos derechos de ciudadanía, serían delitos civiles algunas libertades como la interrupción voluntaria del embarazo, el matrimonio entre personas del mismo sexo y dejarían de ser delitos el maltrato a la mujer, la ablación o la discriminación por razón de sexo’, expone el manifiesto, que agrega que sin laicidad ‘sería difícil evitar la proliferación de conductas nada acordes con la formación de conciencias libres y críticas y con el cultivo de las virtudes cívicas’.

Es decir: religión – mala, laicismo – bueno.

Deberían tener claro estos paladines de la nueva religión, aquella que defiende que no debe haber ninguna, que lo que realmente defiende la Constitución es la LIBERTAD de los ciudadanos a profesar el credo de sus padres, con los derechos y deberes que establece el marco de convivencia civil, pero con los derechos claros de educación, formación y objeción de conciencia en materias tan básicas como aborto, matrimonio de personas del mismo sexo o eutanasia, materias que la nueva religión (laicista) trata de imponer como obligatorias.

La pregunta es: ¿puede una persona, en uso de la libertad fundamental, opinar distinto a los laicistas sin ser motivo de escarnio o marginación pública?.

4 diciembre 2006 - Posted by | Uncategorized

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